lunes, 25 de enero de 2010

Todos en algún momento de la vida...



Desde la plaza de armas de un lugar cualquiera,
Te escribo una carta para que tú sepas
Lo que ya sabías, aunque no lo dijeras.
Espero que llegue a tus manos y, que no la devuelvas.
Que pagues el rescate que abajo te indico.
Yo tampoco me explico, por qué no acudí antes a ti.
Pero nadie puede salvarme, nadie sabe lo que sabes,
Y tampoco entregarían lo que vale mi rescate.
No hay dinero, ni castillos, ni avales, ni talonarios,
No hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-,
Ni en planetas por descubrir, lo que aquí te pido.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden;
Te conocen, pero no llegan a ti.
Decidí por eso mismo, un mecanismo de defensa.
Y presa como está mi alma, con la calma suficiente,
Ser más fuerte, y enfrentarme cuanto antes a la verdad,
Sin dudar un segundo, lo asumo, sólo tú puedes pagar el rescate.
Devuélveme el amor que me arrebataste,
O entrégaselo, lo mismo me da, al abajo firmante;
Pues no hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-,
Ni en planetas por descubrir, lo que aquí te pido.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden;
Te conocen, pero no llegan a ti.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden;
Te conocen, pero no llegan a ti...

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